En busca del Pez Graso, la única especie extinta en la Cuenca del Magdalena-Cauca.

La historia a través de la cultura ayuda a mantener inalterado los enigmas de la vida y el planeta,  y ésta es, ante todo,  una respuesta a las circunstancias y una muestra viva de la complejidad de la riqueza, de las certezas e incertidumbres de nuestra cuenca del Magdalena-Cauca.  Fue a través de discursos circulantes de una época y de una ciencia que emprendimos alegremente la búsqueda del Pez Graso (Rhizosomichthys totae), una especie catalogada como extinta en 1994 por la lista roja de especies amenazadas (IUCN por su sigla en inglés) . Desde 1942 no se volvió a ver al pez, los intentos que se han llevado a cabo para encontrarlo han sido en vano. Esta vez, lo buscamos en un muestreo cultural, exploración que evidenció que la belleza y la vida tienen origen en la naturaleza y estas se refugian  constantemente en el espíritu de quienes hicieron parte de esta historia.

Perteneciente a la familia de los bagres Trichomycteridae, que habitan en los Andes sudamericanos, el Pez Graso (Rhizosomichthys totae) fue descrito  en febrero de 1942 por don Cecil Miles, miembro fundador de la Asociación Nacional de Piscicultura y Pesca de Colombia, pionero en la introducción de Trucha Arco Iris al país y uno de los encargados de iniciar labores piscícolas en la estación Cintas, ubicada en el Alto de las Cintas del Lago de Tota. 

Esta estación sirvió  para dos cosas, la primera como laboratorio para el primer proyecto colombiano que promovía la piscicultura de aguas frías con la introducción de la Trucha Arco Iris para fines nutricionales de la población del Altiplano Cundiboyacense y, la segunda, como una excusa del destino que haría posible el primer encuentro de este ictiólogo inglés con una nueva especie de pez para el país.

Trece centímetros de largo y envuelto en una gruesa capa de tejido graso, flotando en el alcohol de un frasco de vidrio, descansa el cadáver parcialmente frito de uno de los ejemplares del Pez Graso depositado por Miles en la colección de peces del Museo de Historia Natural de la Universidad Nacional de Colombia (ICNMHN) en Bogotá.  José Iván Mojica, curador de la colección, abre el compactador de dónde saca el custodiado y anhelado frasco, en su interior una etiqueta enuncia las principales características de uno de los grandes enigmas del país, “…en 1999, y como resultado del proyecto «Búsqueda del extinto Pez Graso», uno de los participantes 

del proyecto, el ictiólogo colombiano José Iván Mojica, afirmaría que “a pesar de no haber encontrado al pez, se logró descartar a la trucha como primera sospechosa de su extinción ya que habitan en lugares diferentes del Lago”.

Del Pez Graso quedó registrado su estado físico y una ilustración realizada por Cecil Miles ; la descripción se basa en supuestos que nunca se lograron comprobar como la ubicación específica de su hábitat, el cual se sospecha que eran las profundidades del Lago, lo que posiblemente lo ubica en el área de Lago Chico y Grande, sectores cuya profundidad oscila entre los 40 y 61 metros.   Sobre sus anillos, (la característica que lo hace excepcional en su familia pues es el único bagre de agua dulce con una envoltura grasosa de esta clase) , se cree que la función que cumplían estaba ligada para soportar cambios de temperatura y/o para el almacenamiento de fuentes de energía.

Las condiciones que imposibilitaron una descripción más detallada del pez y su hábitat aluden a la situación en la que se encontraba los estudios de la ictiología en el país y al parecer se dejó pasar por alto datos que pudieran contribuir para realizar una descripción más detallada de los ejemplares. No obstante, Miles al haber depositado los peces colectados en colecciones científicas en Europa, Estados Unidos y Colombia, aseguró para la posteridad, la posibilidad de desarrollar nuevos estudios de este enigmático pez.

Es así como sesenta y seis años transcurrieron para que se pudiese realizar la redescripción del pez en una revista científica     . Publicada el 4 de marzo del 2009, se llevó a cabo por los ictiólogos Luis Fernández del Instituto Fundación Miguel Lillo de Tucumán, Argentina y Scott Schaefer del Museo Americano de historia Natural de Nueva York, Estados Unidos, de ésta forma y a través del uso de nuevas tecnologías disponibles, la anatomía interna del pez salió a la luz.

Los diez ejemplares disponibles de esta espacie son un verdadero tesoro de la historia natural, motivo por el cual pensar en dañar alguno de estos para el estudio de su anatomía interna, con técnicas  tradicionales invasivas, siempre fue considerado como un despropósito por la comunidad científica. Por esto mismo, sólo y como resultado de los avances tecnológicos disponibles para el quehacer científico, fue que, mediante la microtomografía computada, una técnica de escaneo de rayos X de alta resolución que se ha utilizado para complementar investigaciones sobre morfología en otros peces y grupos animales, se logró presentar la primera descripción que incluye información de su anatomía interna.

Los resultados de este estudio permitieron observar y confirmar características únicas que ayudan en la diferenciación a nivel genérico y específico (entre ellas sus famosos anillos de grasa a lo largo del cuerpo), las cuales hacen única a esta especie de cualquier otro bagre de la familia Trichomycteridae a la cual pertenece. Sin embargo, esta redescripción no aportó nuevas informaciones sobre la posibles causas de la extinción del pez y tampoco sobre aspectos ecológicos y del hábitat en el cual esta especie se distribuía, por lo cual los enigmas sobre su descubrimiento han continuado.

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